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📖Un hijo para el mafioso📖Haga clic para leer👉

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—Quiero que me des un hijo o irás detenida por el robo de mi reloj —dijo, y todo en mí se paralizó. —¿Está loco? ¿Cómo podría parirle un hijo y entregárselo como si no llevara mi sangre? Eso es cruel… —Estás endeudada, tu hermana está enferma y vives en la miseria. No tienes opción. Solo es alquilar tu vientre, y punto —dijo, terminando de un trago lo que quedaba en su copa. Ella había robado un reloj de lujo al jefe de la mafia. Para pagar su deuda y salvar a su hermana gravemente enferma, no tuvo más remedio que aceptar darle un hijo. Él arrojó un contrato frente a ella: —Aparte de para el hijo, no te me acerques. Sin embargo, meses después, él era quien se pegaba a la puerta de su habitación día tras día, rogando por besos y abrazos. —¡Señor Morgan, compórtese! —Abre. El contrato dice que tú no puedes acercarte a mí. ¡No dice que yo no pueda acercarme a ti! I Europa; Italia, Florencia. Pov Salomé —Pasajeros con destino a Florencia Italia por favor abordar. Escucho la voz de la agente de reservaciones anunciando mi vuelo. Presiono la maleta con fuerza y tomo la mano de mi hermana para luego avanzar al pasillo largo en dónde chequean mis pertenencias. El nudo que se forma en mi garganta lastima mi cuerdas vocales y el tintineo de mi corazón indica lo asustada que estoy. Jamás he salido de Colombia, ni siquiera lo he hecho de Medellín o de Bogotá cuando me tocó estudiar mi carrera. Toda mi vida viví en las líneas latinas de mi país, y tener que dejar mis raíces por un mejor futuro para mi hermana y para mí no es nada fácil; pero supongo que de eso se trata la vida, de experimentar y vivir nuevas aventuras aunque no sea por la razones que quiero. «Mis padres murieron» Hace un par de meses fallecieron en un accidente de tren; provocado por la explosión de una caldera. Ha sido difícil sobrellevar el duelo y más al verme tan vulnerable con una hermana de seis años a mi cargo, pero me he aferrado a las palabras de mi madre. «Si tienes una carga es porque puedes con ella» Mamá siempre decía que Dios no nos ponia cargar a quien no puede llevarlas. Subo las escaleras metálicas que le dan inicio a la entrada al avión y luego que entro busco el asiento que se me fue asignado. —Ya estamos aquí Salomé —me hablo a mi misma mientras resoplo—, tenemos que conquistar a los europeos —sonrío con picardía. … El clima gélido de Florencia nos recibe muchas horas después. La espalda me duele y tengo las nalgas dormidas por el viaje. Tomo a Sofía entre mis brazos y corro fuera del aeropuerto dejando que las gotas de agua nos mojen los trajes desgastados y opacos que llevamos puesto. A pesar de estar lluvioso las personas con trajes y gabardinas elegantes se pasean con sombrillas de colores aumentando mi ansiedad ya que estar en lugares con mucha gente me pone un poco nerviosa. Respiro profundo intentando contener los nervios y espero mi turno para cruzar la calle que me lleva a la línea de quioscos donde puedo comprar una tarjeta para llamar a mi tía Victoria; es la hermana mayor de mi madre, se casó hace mucho con italiano que la trajo aquí, pero que murió años después dejándola con una casa hipotecada y un montón de deudas que pagar. El semáforo indica mi pase y decido caminar después de dar un último vistazo, pero… un auto de alta gama pasa saltándose la luz en rojo y llenándome la ropa de agua. —¡Imbécil! ¡¿No ves?! —le grito mientras siento como toda la ropa se me pega al cuerpo. Bajo a Sofía que aún está somnolienta y termino de cruzar mientras aprieto los puños de la rabia. «Estuviéramos en mi país y le partiría el vidrio con una piedra» —Malditos europeos insensibles —exclamo con los ojos llorosos. «No me he instalado y ya los odio» —Una tarjeta para hacer llamadas —le pido al dueño del kiosco. Pago con el dinero que cambié al bajar y luego me voy a los teléfonos públicos que están cerca. Meto la tarjeta y saco de mis vaqueros el número de móvil de mi tía quien contesta al tercer pitido. —Tia Victoria soy yo, ya estoy aquí —hablo sintiendo el frío en mis dedos por la falta de guantes. Mientras mi tía me da indicaciones para llegar, me quito la chaqueta que le pongo por encima a Sofía. Ya tiene una puesta, pero el titileo de sus dientes me indica que no es suficiente. —¿Ya llegamos o falta mucho? —me pregunta abrazándose ella misma. La tomo de la mano y avanzo hasta la líneas de buses que, unos minutos después nos deja en mi destino. La casa de mi tía no está nada mal, de hecho es bastante cálida y amplia; cuenta con un enrejado que cubre la parte principal del jardín y por dentro con grandes ventanales que muestra la vista a la calle. El barrio tampoco es grotesco, es sutil asemejándose a una urbanización de clase media en lo que sería mi país. Acomodo la ropa que saco de las maletas y luego me recuesto del sillón agotada. —Te traje café mijita —habla mi tía sentándose a mi lado. —Gracias tía —le digo tomando la tasa que llevo a mis labios y qué soplo antes de ingerir. —¿Es muy difícil conseguir trabajo? Me gustaría mañana dedicarme a eso, Sofía no puede dejar de tomar su tratamiento. «Sufre de asma crónica» Cualquier cosa la altera y si no tiene su medicamento para inhalar a la mano le dan crisis que terminan en hospitalización. —Cálmate hija, tengo algunos ahorros que pueden ayudarte mientras consigues empleo —me dice mientras se saca algo de la bata holgada y de color rosa que lleva puesta. La verdad es que la tía Victoria es una dulzura, era quien nos ayudaba a nosotros en Colombia y quién pagó todo el viaje para traernos, pero, la edad pasó por su vida y ahora es una bolita de grasa con cabellos blancos que la hacen lucir tierna. —Has hecho mucho ya, y se que tocaste el dinero de la hipoteca para traernos, mañana mismo salgo a buscar algo, no debe ser difícil —digo tomando sus manos con cariño. … —Lo siento señorita, están buscando personas graduadas de universidades de renombre o en su defecto graduadas en Italia o algún país europeo —me dice la mujer después de leer mi currículum. —Pero sé hablar italiano, y dos idiomas más —me quejo—, por favor señorita necesito el trabajo, créame que soy buena publicista —le suplico. —No está en mis manos de verdad, si solo tuviera alguna experiencia laboral nosotros… —me dice de nuevo y tomo la carpeta de mala gana. —Ustedes son una cuerda de incompetentes —hablo con la frente sudada. He recorrido varios edificios buscando trabajo y hasta he pedido que se me asigne alguno que no tenga que ver con mi carrera, pero me han cerrado las puertas en las últimas semanas. Estoy desesperada, la despensa se está agotando y el inhalador de Sofía se está acabando. —Señorita cálmense —habla la mujer asombrada por mi actitud. —Ningún cálmense, ¿cómo podemos tener experiencia si no nos dan un bendito empleo? Piden una universidad de renombre, sabiendo que los ricos se gradúan gracias a sus padres y a sus influencias. Los mejores estudiados y preparados somos nosotros los pobres, que trabajamos y estudiamos día a día para lograr nuestras metas; cada título, cada nota que he obtenido es bien merecida —los ojos se me llenan de agua. —Intentaré hablar con el jefe —me dice la mujer apenada. Me cruzo de brazos mientras inhalo y la veo irse, pero… una pila de hombres con trajes y perfumes costosos salen del ascensor. Intento mirar en esa dirección para ver de quién se trata, pero son tantos rodeando a otros dos que no me permite distinguir. —Lo siento —me saca la recepcionista de mis pensamientos—, el jefe no quiso recibir la solicitud y acaba de irse —baja la cara. Tomo mis cosas con un nudo en la garganta y salgo del edificio sintiendo como las esperanzas se desvanecen. «Ser inmigrante es tan difícil» Pienso mientras me limpio las lágrimas. Volteo a darle un último vistazo al edificio y hago una mueca con los labios al verlo. «Solo a mi se me ocurre venir a conseguir trabajo aquí» Es un edificio de vidreos negros, con un jardín extenso y como de cien pisos a eso sumándole que el edificio del alfrente se comunica con él por medio de un pasadizo elevado del mismo material cristalizado. Tomo el bus que me lleva directo a casa y apenas entro al jardín siento como la puerta se abre para darle a paso a Sofía; viene con el cabello suelto y con el flequillo desordenado mientras corre. Me agacho para recibirla y la estrecho entre mis brazos. —No puedes estar corriendo Sofi —le digo besando su frente—, sabes que por cualquier cosa te agitas. —Hoy me siento bien Salomé, es más creo que ya estoy curada. ¿Sabías que los pepinos de mar y las arañas tejedoras pueden respirar por el ano? —pregunta y abro la boca—, así que no te preocupes hermanita si me falla la nariz ya sabes que… Le tapo la boca para que no siga hablando ya que, la vecina de al lado se nos queda viendo de manera odiosa. Sofía se ríe y yo entro con la cara teñida de vergüenza. «¿Dónde lee esas cosas?» —Anda a tu habitación araña tejedora —la reprendo dándole una palmada en las nalgas. Sofía hace lo que le digo con una sonrisa y mientras sube las escaleras de la casa mi tía la reprende gritándole que no corra. —¿Conseguiste algo? —Me pregunta Victoria. Niego con la cabeza mientras tomo el café con leche que me entrega. Lo sorbo mientras tintineo mis uñas en la taza y Victoria se me queda viendo con pesar. —Sofía tuvo una crisis —suelta y me pongo de pie de inmediato—, tranquila, la vecina de la esquina que también tiene a un hijo asmático me prestó su inhalador y logré estabilizarla, pero si le da una crisis en la noche o… —Me froto la frente. —Entré a buscar empleo en una empresa que queda en todo el centro de Florencia; es la empresa más hermosa que han visto mis ojos y el logotipo y el anunciado grande que raya la mayoría de los rascacielos me pusieron la piel chinita —le confieso recordando todo lo que ví de regreso. Al principio no supe cómo llegué a ella, pero cuando salí me di cuenta que, la publicidad es exorbitante. —Conglomerado Morgan —digo suspirando. Mi tía escupe el café que está bebiendo y yo la miro mal. —¿Dije algo malo? —pregunto confundida. —Ni se te ocurra buscar trabajo ahí, si bien es la empresa con más oportunidad de todas y es reconocida tanto a nivel nacional como mundial, se dice que los dueños son unos mafiosos asesinos —me habla y abro la boca—, mafiosos con trajes le dicen, y nadie sabe si, toda esa empresa es un fachada a sus negocios ilícitos —explica y una corriente me recorre la espalda. —Es una empresa de licores —bufo. —El dueño es el hijo de un mafioso, no quiero cerca de esa empresa Salomé —me dice saliendo de la cocina. … A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo con mayor motivación. «Rendirse es la última opción» La vecina de mi tía me prestó un traje de pantalón ejecutivo con chaqueta y top blanco que me queda un poco apretado pero bien en comparación con mi ropa. Mi piel trigueña y mis ojos marrones oscuros lucen con el blanco de la chaqueta y el negro del pantalón. Me dejo el cabello suelto y me calzo las zapatillas para luego rociarme perfume. Sofía aún sigue dormida ya que en la madrugada le dio otra crisis y no se durmió hasta que la pasó. «Necesito encontrar empleo rápidó» Salgo en busca de ello, pero… como todos los días las puertas son cerradas en mi cara. Se hacen las seis de la tarde y mis pies me llevan a una zona exclusiva en la parte norte de Florencia. Subo la mirada y los ojos se me encandilan con el letrero de “restaurante gourmet” decido entrar a pedir empleo pero… la recepcionista me dice que no están atendiendo personal. Salgo con los ojos llorosos por la parte de parking y… mis ojos se desvían a la camioneta de color plomo que tiene los vidrios debajo. Hay unos hombres custodiando pero están tan distraídos que… —No Salomé nunca en tu vida has tomado nada que no sea tuyo —me digo, pero lo que brilla en la guantera abierta me hace apretar los labios. «No hay despensa, hay que pagar la hipoteca y Sofía necesita su medicamento» Estiro la mano de manera robótica y tomo el reloj que guardo en mi bolso de lado, pero…las alarmas se encienden poniendo a todos a voltear. —¡Una ladrona! —gritan y miro a todos lados asustada. «Eres tu Salomé corre» Me digo mientras salgo corriendo. Salgo del parking mientras los hombres se me pegan atrás y… cuando estoy en la calle veo como cuatro hombres con traje me persiguen. —¡Alto, entregue lo que tomó señorita! —dice uno y sigo corriendo. Me paro en una esquina y me quito las zapatillas para correr mejor. Lo hago por alrededor de quince minutos, logrando que mi respiración se agite y mi frente sude, hasta que… llego a un callejón en dónde puedo tranquilizarme. Ya los pasos detrás de mí no se escuchan y decido sacar el reloj de mi bolso, pero… no está, lo he perdido. «Tuvo que haberse perdido mientras corría» —Maldición Salomé ni para robar sirves —golpeo el cesto de basura con los ojos llorosos. Salgo del callejón lista para irme a casa, pero… no he caminado ni una cuadra cuando tres autos me rodean poniéndome a pasar saliva. «En qué me metí Dios mio» —No disparen por favor soy inofensiva —hablo subiendo las manos al ver los trajeados armados que salen de la camioneta. Hay muchos, pero uno solo llama mi atención; es un hombre grande, con músculos que sobresalen por encima del traje y unos ojos verdes oscuros que se asemejan al color del césped. Su mandíbula cuadrada más el animal que sostienen en su correa me indica: ¡Peligro! Y, aunque quiero correr, mis pies se plantan en el asfalto como si fuera una aparición irreal la que estuviesen viendo mis ojos. Sus ojos me detallan de arriba abajo y su mirada bañada de autoridad, soberbia y arrogancia me intimida. Estoy apunto de abrir la boca para explicarme pero… —Vamos niña mi reloj —habla serio. —Yo… es que… —tartamudeo. Rueda los ojos fastidiado y vuelve a repetir; —Mi reloj muchachita no tengo todo el día —pide. —Lo perdí —suelto asustada. II Un robo peculiar Pov Damián Recibo lo que me entregan y salgo de ahí como alma que lleva el diablo. La cabeza me duele y los labios los tengo rotos de tanto apretarlos. Siento como cada articulación de mi cuerpo se contrae y como las venas de la frente me titilan con intensidad. Subo a mi Ferrari deportivo y avanzo por las calles concurridas de Florencia. Mis escoltas me siguen en los otros autos, ya que no quiero a nadie cerca de mí. Avanzo por la vía principal y mientras conduzco aprieto con fuerza el papel que tengo en la mano. «Maldición» La desesperación, sumada con ansiedad me obliga a saltarme el semáforo que se indica el paso peatonal y… —¡Imbécil! ¡¿No ves?! —grita una loca. La miro por el retrovisor dándome cuenta que es una extranjera; lo se por la ropa y el acento a hablar. Sigo mi camino hasta que llego a la mini mansión que tengo en Piazza della Signoria. Dejo el deportivo en el estacionamiento y entro cerrando la puerta con desespero. La respiración la mantengo agitada, pero se estabiliza un poco al ver Aston parado en la sala. Su pelaje grisáceo más sus ojos de color miel me hacen bajar las guardia. «Aunque es un perro asesino» Fue entrenado desde pequeño para matar. Sin embargo, no deja de ser mi mayor y única compañía en esta mansión. —Acompáñame a tomar un trago —le pido tocándole el pelaje. Aston me sigue al mini bar en dónde tomo un vaso y una botella de whisky. Salgo al jardín y me siento dejando que Aston se me recueste en las piernas. Mientras lo hace, llevo el vaso a mis labios para dar pequeños sorbos. La camisa negra de tres cuartos se adhiere a mi piel húmeda por el sudor que me recorre el cuerpo y mis ojos verdes oscuros se quedan mirando a la nada mientras no dejo de pensar. … —Quiero un hijo —hablo mientras veo Florencia por la ventana de cristal oscuro de mi oficina. La risita que suelta Lucían, (mi mellizo). Me hace arrugar las cejas, pero no le respondo. —No te preocupes, puedes decirle a Luciana que te dé uno de los de ella y ya está —se me burla y lo volteo a mirar de mala gana. —Pon un anuncio o busca una mujer que quiera parirme un hijo y ya está —le dejo claro logrando que su mandíbula se abra. Cuando éramos jóvenes nos gustaba vestirnos de manera deportiva, con chaquetas de cuero y vaqueros ajustados la mayor parte del tiempo y, aunque por mi trabajo y mi edad he decidido solo usar trajes de diseñador, Lucian Morgan la mayor parte del tiempo viene vestido igual al pasado; con vaqueros, camisa y chaqueta de negra, más botas deportivas como si no tuviéramos treinta años y como si no fuera el director general de todo el Conglomerado Morgan. —¿Qué mierda te metiste Damián? ¿Quién en su sano juicio te parirá un hijo y ya está? Procedes de una fama y… —Ofrece dinero, joyas y casa, lo que quieras solo has lo que te digo y deja de refutarme —le pido fastidiado. —¿Eres gay, es eso? ¡Dios! Luciano se va a morir cuando lo sepa —habla asqueandome—, por eso quieres un hijo de esa manera y por eso nunca te he conocido a una mujer… —Deja de decir idioteces y largo de mi oficina —lo corro mientras me masajeo las sienes. Lo oigo escandalizarse, hasta decirme que me busque una asistente que haga mis mierdas, pero no le tomo importancia porque sé que terminará por hacerlo. Sale como alma que lleva el diablo mientras yo me pongo en lo mío. La semana pasa y Lucian no me ha dado buenas noticias, cosa que me exaspera y molesta al mismo tiempo. Nado en la piscina de la mansión mientras mi perro me vigila desde lejos. Cuando salgo, siento como las gotas de agua corren por mi cuerpo tatuado, mientras el short se ajusta más a mis muslos. —Un hijo Aston, solo un hijo es lo que pido —le hablo al animal que me ladra en respuesta como si me entendiera. … —Señor, puede revisar está solicitud, es que la señorita insiste en…—le paso por el lado a la desconocida que intenta hablarme. Entro al ascensor privado junto con Lucian y los escoltas que me rodean para luego al llegar a la planta baja salir como alma que lleva el diablo. Los licores que hemos creado se han esparcido a nivel mundial, estando a la par con los de la familia Lombardi, (quién es mi mayor competencia). Sin embargo, somos nosotros los que tenemos la mayor tasa de ventas en Italia. Si bien las empresas ya tenían un reconocimiento, desde que las tomé hace ocho años he triplicado la fortuna. «Con la ayuda de Lucian» Que, aunque soy yo él de las ideas, cabe descartar que mi hermano es un monstruo para cerrar negocios. Unos minutos después llegamos al hotel Calimala dónde nos reunimos con los clientes. Si bien necesito más publicistas que se encarguen de la parte de las campañas he estado escaso de personal y, no puedo contratar a cualquiera. —Tenemos promociones, también somos la única empresa en el mercado que da un mínimo de crédito con porcentaje de comisión muy bajos —habla Lucian mientras yo miro la hora en mi reloj. «Por toneladas» Y, aunque es bajo al ser muchas toneladas es un gran beneficio para nosotros a la larga. «Estrategias que dan más ganancias» —Si quieres las líneas de whisky ofrecemos la de rones con un 10% de descuento a eso sumándole que estamos terminando la de cebadas —explica mi hermano. —Y a esa también le daremos el mismo porcentaje de descuento —explico tragando de mi vaso. «Si supieran que ese porcentaje que les bajo a una línea, están sumadas a las que no tienen descuento» Conozco mi mercancía y sé cuáles son nuestras fortalezas. «El whisky es una de ella» La de empresas Lombardi son igual de buenos, pero aunque digan lo contrario la Morgan es mejor y ya está. «Hay cosas que deben reconocer» Los clientes revisan la información que le entregan mis empleados de manera digital y… —Me gustaría firmar con ustedes, de verdad he buscado estás promociones con línea de crédito y no la he encontrado —dice logrando que explaye una sonrisa. —Nos reuniremos en unos días para leer los contratos y firmar —hablo poniéndome de pie mientras abotono mi traje. “El cliente es mío Alex” Le escribo a mi primo que está loco si cree que puede hacer negocios grandes en mis tierras. Me responde con un “maldito” que ignoro y luego sigo mi camino con un poco de humor. —¿Celebramos o qué? —me pregunta Lucian. Asiento con la cabeza subiendo detrás de él y, los empleados nos llevan a uno de los bares que no son de nuestra propiedad. «A veces estar en medio de nuestras gente agota» La atención exagerada más los Killers que están en toda Italia me exasperan. Por eso y porque la matriz estaba aquí fue que Lucían y yo nos venimos a Florencia. Me siento con mi hermano quien, enseguida pide una cerveza para él y un Whisky doble para mí. —¿La encontraste? —le pregunto curioso y rueda los ojos. —¿Por qué mierda se te hace difícil conseguir a una mujer capaz de parirme? —pregunto con la frente titilando. —Lo he hecho, creeme, pero apenas saben quienes somos piensan que después de dar a luz la vas a matar y quitarle al bebé —explica y no respondo. «Hay cosas obvias» —¿Enserio alacrán? —me pregunta y sigo sin responder. «Son mis mierdas y no tengo porque darle explicaciones a nadie» —Brahin ha estado investigando a unas cuantas mujeres, viendo su… —¡Diablos! —me masajeo las sienes—, ¿Qué parte de que no le dijeras a nadie no entendiste? —pregunto con la frente palpitante. —Solo es Brahin, no exageres —mofa. «Así empiezan» Me levanto de mala gana y dejo al chismoso que se hace llamar mi hermano hablando solo. Vuelvo a las cuatro paredes de mi casa, mientras supongo que él hace lo mismo con la suya. «Vive a unas cuantas calles» «Solía vivir con él, pero se metía en mi vida privada y decidí mudarme» … —Las mujeres que no le importa tu reputación son mujeres de la mala vida —explica Brahin subiéndose las mangas de la camisa. «Una mierda tan pequeña le queda tan grande» Corto el pedazo de cerdo que llevo a los labios después de darle un poco a Aston. —No deberías de comer eso, sabes perfectamente que… —Fulmino a Lucian con la mirada. «No soporto que sea tan insoportable». —No dije nada, tragate todo el cerdo que quieras y si se te llega a inflar el estómago es tu problema —me contesta de mala gana. —No soy un asesino, puede ser que haya mandado a matar a algunas personas o que algunos de mis negocios no hayan tenido la suerte que otros creen, pero… —Brahin me sube una ceja que sobresale por encima de sus lentes. —Asesino así mandes o aprietes el gatillo Damián —habla—, además, el Morgan lo tienes en la frente. ¿Qué mujer en su sano juicio tendría un hijo con uno de ustedes? ¡Les da miedo, Dios! Al menos que tomes alguna de los bares o de… —No quiero nada de eso. ¿Qué te ocurre? ¿Crees que soy un psicópata? —me exaspera—, no me respondas una mierda. «Se cuáles son las opiniones que tiene sobre mí» Ven sádico querer fecundar a una mujer para que me dé un hijo, cuando puedo tomar a cualquiera y hacerlo. «No entienden mi punto, ni mis razones» —Dinos la verdad y ya está —habla Brahin de nuevo y miro a Lucian con ganas de estrellarle la cabeza de la mesa. «No soy gay carajo» Intento abrir la boca para mandarlos a mierda y decidir yo mismo buscar mis cosas, cuando… —¡Señor! —me habla uno de mis escolta exasperado—, una mujer tomó de la guantera su reloj, estaba abierta nos distrajimos y… La cabeza me comienza a dar vueltas. «Lo que me faltaba» —Cuerdas de incompetentes, dejo a cuatro, cuatro de ustedes a cuidar las camionetas y dejan que alguien tome mis mierdas —me pongo de pie mientras sostengo la correa de mi killer canino. Salgo con Brahin y con Lucian quienes se me pegan de la espalda después de pagar la cuenta, veo a los hombres que fueron a perseguir a la ratera volver con las manos vacías. —¿Y…? —pregunto con la cabeza a punto de estallarme —Se perdió, yo… —¿Qué están esperando para conseguirla? —hablo eufórico. —Déjala, ¿qué puede costar ese reloj? ¿Setenta? ¿Ochenta mil dólares? —pregunta mi hermano y a veces me dan ganas de ahorcarlo. —¡Fue el que nos dio Luciano demonios! —hablo exasperado. —Busquen esa mierda —habla frío. «Perder algo que nos dio Luciano sería como suicidarse» —Si se los dio Luciano es porque tiene un GPS —habla Brahin sonriendo. Qué… seguramente está configurado al auto —se mete en mi camioneta y mueve teclas que, a los nanosegundos da la ubicación. Está cerca, así que me subo con Ashton a mi lado, pensando seriamente en que Luciano debe tener algún serio problema de vigilancia. «¿Para qué ponerme un maldito GPS a mi? » La ubicación no es exacta, solo… —¡Es ella! —habla uno de los escoltas y muevo mi camioneta en su dirección. Las otras dos camionetas hacen lo mismo y… la mujer en cuestión palidece mientras sube las manos. —No disparen por favor soy inofensiva —suelta. «Y yo soy una joyita» Salgo del auto mientras sostengo la correa de mi perro y la detallo mientras camino; lleva un traje de baja categoría que se ajusta tanto a su cuerpo, que marca las curvas bien proporcionadas típica de una mujer latinoamericana. —Vamos niña mi reloj —hablo. —Yo… es que… —tartamudea aumentando mi ansiedad. «Huele a jazmín y shampoo barato pero delicioso» —Mi reloj muchachita no tengo todo el día —pido exasperado. —Lo perdí —suelta y la cabeza comienza a dolerme. Me acerco a ella de manera retadora y veo como da dos pasos hacia atrás asustada. Está descalza y su poca estatura me hace ver muy grande cuando me acerco. —¿Sabes cuánto cuesta ese reloj? —le pregunto y niego con la cabeza. Brahin intenta decir algo, pero le hago señas para que se calle. —No tengo idea —susurra temerosa. —Bueno, vas a tener que ir sabiendo porque ahora tendrás que pagarlo, nadie te manda a dar de ratera —la amenazo. —¡No soy una ratera! —se queja subiendo la mirada. «Descarada» —No, entonces tú solo estaba corriendo porque te creías deportista y mis hombres eran tu competencia, por favor —bufo Traga grueso sin poder contestar. —Revísala —demando logrando que los escoltas hagan lo suyo. Patalea y se queja pero deja que lo haga para darnos cuenta que no lo tiene. «Ahora tendrá que pagarlo» —Se cayó del bolso mientras corría —explica con los ojos llorosos. «Hacen mierdas y luego se quejan» Le hago señas a Lucian para que la lleve a su casa y también le doy la orden a los escoltas de que encuentren el maldito reloj. —¿A dónde me llevan? —pregunta cuando la gente de mi hermano la suben al auto y no puedo evitar detallar el marrón de sus ojos. «Tiene la piel trigueña, como si hubiera llegado recién a Florencia» —A tu casa, te buscaré para que me pagues la deuda —demando tomando a Aston y subiendo sin más a mi camioneta. «¿Dónde he visto a esta extranjera?» III Un hijo o la cárcel Pov Damián Pincho el trozo de fresa que llevo a mis labios; está entre dulce y ácida, haciendo explotar mi paladar al degustarla. Aston se mantiene a mi lado derecho comiendo el trozo de filete que le dió la mujer de servicios. Acaricio su melena gris sin dejar de comer con la otra mano, hasta que… mis ojos se encuentran con Brahin y mi escolta de confianza que vienen entrando al comedor de la mansión. —Encontramos el reloj señor, lo tenía un vagabundo cerca del callejón donde encontramos a la señorita —me explica el empleado tendiendome la joya. Se la arranco de la mano con desespero y la reviso ansioso porque realmente sea el reloj que me regaló mi padre y… efectivamente sí lo es. —De la que te salvaste hermanito —me suelta Lucían entrando también al comedor y ruedo los ojos. No es que le tenga miedo a Luciano Morgan, pero sí un profundo respeto; mi padre nos enseñó que debemos apreciar lo que con amor se da, así sea una joya de mucho valor como el reloj o la comida de mi madre. «Eso y que no quiero lidiar con sus malditas amenazas de empalamiento» —¿Y hay noticias de la extranjera? —pregunto con curiosidad tratando de calmarme. Me pongo de pie y rodeo el comedor mientras mi mente recuerda a la mujer de baja estatura y de cuerpo con curvas que robó y perdió mi reloj. —Es colombiana, tiene veintitrés años de edad, publicista, pero graduada por medio de becas —Brahin me entrega las notas que no sé como mierda encontró. Es exorbitante la puntuación con la que se graduó, pero más exorbitante es saber que no ha encontrado empleo en Florencia. —También tiene una hermana de seis años que sufre de una enfermedad asmática, vive con su tía materna y de sus padres aún no se registra nada, pero supongo que se quedaron en su país natal —me muestra todo lo que quiero saber. —¿Qué piensas hacer hombre? —se mete Lucian—, ya conseguiste el reloj, déjala en paz, solo es una pobre mujer sin suerte. —Pero con curvas —habla Brahin acomodándose los lentes de manera coqueta y lo aniquilo con los ojos. —Quiero que me la lleven a esta dirección mañana por la noche —le digo a mi escolta volviendo al asiento. Aston se sube a mis piernas y lo acaricio bajo la mirada inquisidora de Lucian, quién pareciera que pudiera leer mi mente. … La frente me suda y el cuerpo me tiembla. La respiración la tengo acelerada y el corazón pareciera que va a salir de mi pecho. Abro los ojos y dejo que mis pies reposen en mis sandalias de casa. Es de madrugada y estoy sudando, gracias a la pesadilla que tuve. Camino al baño y me refresco la cara para luego volver a la habitación. «Las últimas noches ha sido lo mismo» —Aston —le hablo al animal que está en la piecera de mi cama—, ¿quieres dormir conmigo? —le pregunto y me ladra en señal de respuesta. Lo veo subirse a la cama y me acuesto dejando que la figura voluptuosa de mi cuerpo en boxer más él acostado entre mis piernas hagan el contraste perfecto, digno para una fotografía de revistas playboy. A la mañana siguiente me arreglo frente al espejo para ir a la oficina. Me coloco un traje de vestir de color gris y una gabardina del mismo color. El reloj que me dio Luciano lo dejo guardado junto a la colección y tomo uno de oro blanco que abrocho en mi muñeca izquierda. Me echo perfume y me pongo los guantes antes de bajar a las escaleras. —¿Va a desayunar, señor? —pregunta la empleada y niego con la cabeza recibiendo el café en el pequeño termo que me entrega. Subo a la camioneta y degusto lo mío mientras mis hombres se mueven a la empresa. Cuando llego a la oficina encuentro a Lucian en ella sentado en mi silla con las piernas en el escritorio mientras muerde una manzana. Lo aparto ignorandolo por completo porqué ya se a que mierda vino y… —¿Será ella no es así? —me pregunta y no me da la gana de responder. «Si jode» —Damián —se masajea las sienes imitandome—, ¿cómo harás para convencerla de que te dé un hijo, diablos? ¡Solo es una niña de veintitrés años, no le arruines la vida así! —No le voy a arruinar la vida Lucian —lo observo a sus verdes un poco más claro que los míos. «Nos parecemos mucho, pero no somos idénticos ya que, somos mellizos no gemelos» —¿No? —bufa—, ni siquiera sabes si es pura, si tiene novio en su país o si no le interesa tener hijos…—habla y no me interesa. «No pienso tocarla» —Nadie es puro a los veintitrés años —le hablo y se pone la mano a la cintura—, y si tiene novio que lo deje y ya está. —Dudo mucho que sepas de esas cosas —comienza y no creo que pueda seguir soportando. —No soy gay y si vuelves a decir eso de nuevo te voy a partir la maldita cara, ¿entiendes? —me exaspero logrando que suba las manos. —Solo piensa bien las cosas, podemos pagarle a alguien, mira, hablé con estás mujeres que aceptaron entrevistarse contigo y… Me muestra varias fotos que medio míro. «Cuando se me mete algo en la cabeza no hay poder humano que pueda hacerme cambiar de opinión». Además, que me agrada la idea de que mi hijo tenga sangre latina. Eso y sumándole que, ella me debe su vida. Bueno, ya no, pero eso Salomé Uribe no lo sabe. —No tendré a mi hijo con ninguna mujer de la vida fácil. ¿Qué te pasa? —Me exaspero—, ahora largo de mi oficina que tengo que trabajar —lo corro logrando que salga furioso. «No lo soporto» Recibo la llamada de mi padre que se queja porque no lo había hecho antes y también hablo con mi madre. Para horas de la noche salgo desde la oficina al restaurante donde cité a Salomé. Mientras la espero no puedo evitar mirar los documentos que me entregó Brahin junto a sus fotografías y, cada vez que lo hago me convenzo más que quiero que sea ella quien lleve a mi hijo en su vientre. —¡Suélteme! Yo puedo caminar sola —escucho a la mujer que es arrastrada al interior del restaurante por mi escolta. Me masajeo las sienes al detallarla; lleva unos vaqueros desgastados, con una franela de algodón blanca y unas zapatillas de trenzas. Sus cabellos castaños caen de un lado y sus labios gruesos y provocativos están pintados de un rosa pálido. Le hago señas a mi escolta para que la suelte y ella enseguida camina hasta la mesa donde me encuentro. A pesar de que me robó un maldito reloj que cuesta más que su vida, se mueve con la mirada en alto y con seguridad hasta mí. «Descarada» Me pongo de pie cuando está cerca y le abro la silla para que se siente. Puedo ver el nerviosismo de sus manos al detallarme. Claramente soy mucho más alto que ella. Además de que estar rodeado de cinco hombres con trajes y armas no es algo muy común que digamos. —Salomé Uribe —saboreo su nombre mientras sonrío. La veo sentarse con la mirada fija en mis verdes y aprieto la mandíbula con seriedad cuando lo hace. —Veo que ya sabes mi nombre —dice fingiendo desinterés. —Hay muchas cosas que ya sé de tí, por ejemplo, que eres colombiana, que tienes una hermana menor, que vives con tu tía y… —Vaya, qué rápido ruedan los chismes en Florencia —habla con desinterés. Llevo un dedo a mi nariz y la masajeo detallandola; ni siquiera tiene idea con quién mierda está hablando. —Hablame más de tí —le pido mientras subo la mano para pedir el menú. Ella toma él de ella y comienza a leer la carta. Me sorprende que sepa el idioma. Brahin me dió la información de que es graduada de publicista, pero jamás me dijo que era tan buena; los publicista deberían saber mínimo dos idiomas, pero al ser ella graduada por medio de becas no lo creí así. —¿Sabes italiano? —pregunto y asiento con la cabeza. —Italiano, ingles y español que es mi idioma natal —explica neutra. Observo el movimientos de sus labios y también lo rojizo que se tornan sus mejillas de repente. —No hay nada que pueda saber de mí que no lo haya averiguado señor… —intenta decir mi nombre pero no lo sabe aún. «No recuerdo habérselo dicho» —Hábleme de usted, ya que le debo mi alma al diablo, por lo menos quiero saber su nombre —dice. Recibimos los alimentos y veo como intenta comer la pasta con boloñesa que pidió. Corto el trozo de carne al vino y la llevo a mis labios sin dejar de mirarla. La carne está jugosa, los sabores con la que la condimentaron se pegan a mi paladar de manera armoniosa. —Todo el mundo sabe quién soy Salomé, así que no creo que tú seas la excepción —respondo de manera neutra. —¿Tendría por qué saberlo? —me pregunta de vuelta y achico los ojos. —Eso esperaba —tomo la copa de vino y la llevo a mis labios para degustarla. «Soy más de whisky y de bebidas calientes pero era buena compañía para el platillo que pedí» —Pues no lo sé, solo sé que tengo una deuda enorme con usted señor y me gustaría saber cómo puedo pagarla —habla con voz aguda—, no fue mi intención tomar ese reloj de su coche, pero… —Se traga las palabras que quiere soltar y me aflojo el nudo de la corbata. —¿Pero qué? —pregunto curioso. —Pero no tenía opción —susurra—, sin embargo no quiero justificar mis actos y quiero hacerme responsable de ellos, por eso, estoy a su completa disposición —habla haciendo que ensanche una enorme sonrisa. Me siento sádico, perverso por aprovecharme de la situación sabiendo que el reloj está a mi poder; pero así soy, astuto, hago de lo imposible lo posible y, Salomé Uribe es eso que llegó para cumplir mis deseos. —Es fácil lo que te diré —le hablo sonriendo—, o un hijo o la cárcel, tú decides —suelto con perversidad. IV Una deuda más Pov Salomé —O un hijo o la cárcel —dice con una sonrisa que se me antoja perversa. Sus ojos verdes se tornan más oscuros y sus músculos exagerados y provocativos se contraen. No puedo describir la sorpresa, el miedo y la incomodidad que siento por sus palabras. ¿Un hijo? ¿Se volvió loco? Miro a todos lados intentando encontrar la cámara escondida, pero no, el morbo, la seriedad y la dureza de su rostro me indica que no está jugando. «Sus palabras son reales» Por alguna razón él quiere que… aparto las palabras que se repiten en mi cabeza de manera aguda y ronca al recordar su voz. Las manos me tiemblan y un nudo sube por mi garganta capaz de lastimarme las cuerdas vocales. —¡Se volvió loco! —hablo sosteniendo mis manos contra la mesa y poniéndome de pie—, ¿Qué clase de persona cree usted que soy yo? Una cualquiera que usted puede comprar o… —La voz se me entrecorta y el rostro se me torna rojo. La rabia que siento amenaza con golpearlo, pero me repito mentalmente que no debo sacar mis dotes latinos en un restaurante como este. Además, ver a los hombres con trajes que están a mi alrededor me recalcan que no es una buena idea. —Siéntate —me dice saboreando su copa de vino. Odio que huela y se vea tan bien. ¿Qué mierda te importa como huela y se vea Salomé? ¡Te está amenazando! Las pulsaciones se me aceleran con el semblante descarado que se carga. Él sabe que está bueno, que tiene poder y que estoy en sus manos y eso por alguna extraña razón le gusta, le excita y hasta podría jurar que lo prende. —¡No voy a sentarme! Usted es un demente, un loco un… —Un mafioso con traje —me sonríe y trago doble. «Lo sabía» Desde que lo observé fuera del callejón supe que este hombre emanaba mucho poder para ser solo un millonario, sabía que detrás de sus ojos verdes como el césped los tatuajes que intentaban asomarse en su cuello y sus facciones duras y llenas de carácter sólo podían ser la de un… trago grueso incapaz de repetir las palabras que salieron de su boca. Veo como me señala el asiento con sus ojos severos y oscuros y… sin poder protestar me siento. El corazón parece un tambor en mi pecho y las manos me tiemblan. ¿En qué te metiste Salomé? Me repito mentalmente, pero cuando creo que nada puede ser peor él habla de nuevo. —Mi nombre es Damian Morgan, soy el dueño del Conglomerado Morgan, ¿ahora sí te suena mi nombre Ragazza? —Me pregunta y las palabras de mi tía llegan enseguida a mi mente. «Son mafiosos asesinos» —¿Qué quiere de mi señor? —Vuelvo a preguntar. —¿Acaso no he sido claro? —pregunta con altanería—, quiero que me des un hijo o si no irás detenida por el robo de mi reloj —habla y todo se me paraliza. —Acaso… —intento abrir la boca pero lo cálido de su aliento vuelve a pegar de mi rostro cuando me interrumpe. —No tengo que decirte porqué, no es de tu incumbencia solo quiero seas inseminada por mí esperma y que lleves a mi hijo en tu vientre, cuando ya haya nacido me lo entregues y, para que veas que son un hombre muy bueno… —Lo último lo dice de una manera que me causa escalofrío. Me remuevo en el asiento incómoda incapaz de creer que lo que dice es verdad y hasta me pellizco el brazo para saber si no es un sueño. «O una pesadilla» Pero no, me lo confirma la continuidad de sus palabras; —Te daré empleo en mi empresa como publicista y una numerosa fortuna al culminar tus servicios —sigue. «¿Servicios?» —Cómo podría parirle un hijo y dárselo como si no llevara mi sangre, es algo cruel… ¿No tiene sentimientos? ¿Cree que yo soy una mujer insensible? ¡Sería también mío por dios! —Estás endeudada, tu hermana está enferma y vives en la completa miseria, no tienes opción, solo es alquilar tu vientre y ya está —Se traga lo que queda de su copa. Sus palabras me asquean, y hasta me estremecen. —¡No! —grito logrando que todos me observen—, ¡es usted una persona ruin, sin nada en el pecho, un animal! —tomo la copa de mi vino y se la echo en la camisa logrando que se le tiña de vino. Salgo de ahí como alma que lleva el diablo. Los escoltas intentan seguirme, pero él los detiene haciendole una seña con la mano. «Arrogante, narcisista, imbécil» Unos minutos después llego a casa con un peso enorme en los hombros. Pensar en lo que me está costando tomar por primera vez algo que no era mío me exaspera y me abruma. Nunca antes había tomado nada que no fuese mío y justo cuando lo hago firmo una sentencia con el mismísimo diablo, porque si de algo estoy totalmente segura es que él no me va a dejar en paz. «Quiere un hijo y lo quiere conmigo» Si tan solo pudiera pagarle lo que le debo. ¡Es un dineral Salomé y es cierto lo que dijo él! Estás en la miseria. Abro la reja que le da paso a la puerta de la casa y entro encontrándome con el silencio abrupto de la casa. Llamo a mi tía y a Sofía con desespero, pero… —¡Niña Salomé, niña Salomé! —me llama la vecina—, su tía dijo que le avisara que tuvo que sacar a la niña de emergencia al médico, tuvo una crisis y… —dejo de oír con lo próximo que me dice la vecina. Sofía es todo lo que tengo en el mundo, (aparte de mi tía). Si algo le ocurre también a ella, yo… trago grueso al solo imaginarlo. —Sofía Uribe, señorita es una niña de seis años que fue ingresada por asma crónica —le digo a la recepcionista que enseguida teclea algo en su computador. Me indica el piso donde se encuentra y, al estar el ascensor lleno subo por la escalera corriendo. Mi tía está sentada con los ojos llorosos en una de las sillas de espera y por el semblante que observo me doy cuenta de que nada anda bien. —Tía, ¿cómo está Sofía? ¿Por qué la ingresaron? Yo…—la abrazo nerviosa. Mi tía intenta hablar, pero es interrumpida por un médico que pregunta por los familiares de la niña Uribe. Digo que soy su hermana y el hombre enseguida explica algo preocupado; —Su hermana tiene una fuerte infección en los pulmones, me temo que tenemos que dejarla hospitalizada un par de días —explica—, en estos momentos la tenemos con oxígeno, ya que la infección empeoró por su asma crónica —sigue logrando que apriete con fuerza las manos de mi tía. Los días pasan aumentando mi ansiedad; dos días después de que hablara con ese hombre en el restaurante me llegó una tarjeta con su número de teléfono. He considerado irme de nuevo a Colombia, pero… se que allá no tengo ninguna oportunidad, además de que no hay dinero para el pasaje y dejar a mil tía ya no es una opción. «Estás perdida Salomé y lo sabes» Entro con un jugo y un sándwich a la habitación de Sofía y ella sonríe apenas me vé. Hace tres días le quitaron el oxígeno y las fiebres que la tenía delirando cesaron. —¡Salomé! —Sonríe mostrando sus pequeños dientes. —Pequeña —le muevo el flequillo y beso su frente con amor. Recibe lo que le entrego y mientras muerde el sándwich habla con la boca llena: —¿Sabías que los osos de agua o tardígrados pueden soportar temperatura a más de 200 grados? ¿Es una locura no es así? —pregunta y suelto a reír. —¿Dónde leíste eso? —le pregunto curiosa. —En un libro que me prestó la enfermera —se encoge de hombros. Suspiro dejando que termine de comer y luego la dejo sola cuando el medico me llama aparte. Siempre he querido tener las posibilidades económicas de darle todo a Sofía, aparte de que es muy inteligente es dulce y carismática y la amo tanto que… todo lo hago por ella. —Señorita, pase el recibo de la cuenta a la recepción, solo falta que pague para dar de alta a la niña Uribe. Le recetare una serie de medicamentos para la casa y... Me agarró la cabeza nerviosa Estaba tan concentrada en que mejorara que olvidé por completo que aquí la salud es paga. En mi país también, pero hay centros para personas de bajos recursos. Asiento yendo a recepción y como si tuviera dinero en la cartera pido la cuenta que… me hace aguar los ojos con el monto que me entrega la recepcionista. —¿Pagará con tarjeta o con efectivo? —me pregunta y mi mente le quiere gritar que con mi vida, pero me muerdo el labio tragándome las palabras. Me muevo al jardín de la clínica con la cabeza dándome vueltas. ¿Y ahora como voy a pagar? Debo más que lo que don Ramón le debía a don barriga a eso sumándole que no tengo un empleo para pagar. Los ojos se me aguan y un nudo se posa en mi garganta cuando me hallo en un laberinto sin salida. «No tienes opción Salomé tienes que llamarlo» Me digo mentalmente mientras saco la tarjeta con su número. Tomo el móvil que me prestó mi tía para estar en comunicación con la casa y marco su número con las manos temblorosas. Los repiques aumenta mi ansiedad y su voz gruesa y profunda me hacen temblar las piernas. —¿Sí? —pregunta. —Soy Salomé Uribe —hablo y no sé porque lo imagino ensanchando una de sus sonrisas sarcásticas y provocativas. Le doy la dirección donde me encuentro y le explico la situación con rapidez para luego colgar. «Él no va ayudarte Salomé solo le importa que le des un hijo y ya está» Me digo mentalmente mientras espero en la sala de espera. Hace frío e intento abrazarme a mi misma, para darme calor y… —Señorita, necesitamos desocupar la habitación, va a pagar la cuenta o no —pregunta la mujer de recepción. Intento decir alguna excusa pero la voz gruesa de ese hombre se hace notar; —Yo pagaré la cuenta de la señorita Uribe —habla Damián Morgan dejándome sin aliento. «Bien Salomé debele más al narcisista para que luego te las cobre todas juntas» V Mis protegidas Pov Damián Siento como el líquido carmesí baña mi camisa poniéndome a apretar los puños. Los ojos se me tornan más oscuros y aprieto los dientes de la rabia que se me atasca en el pecho. ¿Qué se cree esa ragazza?» Dicen que las mujeres de su país son así: altivas, orgullosas y decididas y, aunque debería de hacerme desistir sus acciones, lo que logran es hacer que me encapriche más con la idea de que sea ella quien me de un hijo. Mis escoltas intentan detenerla pero yo le hago señas de que la dejen ir. «Vendrá a mí lo sé» También se que no puede irse, no tiene cómo hacerlo. Además, si se va la voy a buscar a la maldita china si es necesario. Sí, parece obsesivo, loco o nocivo, pero ya lo decidí y es ella quien me dará un hijo cueste lo que me cueste. Salgo del restaurante unos minutos después y le indico al chófer que me deje en la casa de Lucian, queda más cerca y se me apetece beber un trago que me calme las ganas de ir a buscarla para que me lave la maldita camisa. El chófer me deja enfrente de la mansión y entro después de que el portero me indica que puedo hacerlo. «Él entra a la mía cuando le da la maldita gana pero aquí tengo que ser anunciado para hacerlo» La mansión de Lucian es muy diferente a la mía, porque mientras que la arquitectura moderna y antigua baña mis paredes, en esta se puede apreciar solo lo moderno. Desde televisores de alta tecnología hasta videojuegos traídos de Japón. El primero en recibirme es Zeus, el perro de Lucian. Es hermano de Aston solo que con pelaje negro. Lo saludo acariciándole la cabeza y luego camino al mini bar donde me sirvo uno de los tantos whisky que colecciona Lucian. «Yo solo bebo lo que nosotros hacemos» La mayoría de las veces, pero Lucian tiene marcas de todo tipo y de todas las empresas habidas y por haber. Creo que es un fetiche o algo por el estilo. —Qué honor tenerte en mi humilde morada —habla él idiota entrando al mini bar. «De humilde no tiene nada»; una pared es una maldita pecera con animales exóticos del mar. Está sin camisa, dejando mostrar los tatuajes que tiene en su pecho; con un pantalón de casa gris y una sandalias de cuero negro. —¿Por qué mierda tengo que anunciarme para entrar? —es lo primero que le pregunto mientras me siento en el sofá de cuero marrón que tengo detrás. Lucian me detalla de arriba abajo con una sonrisa burlesca en el rostro y ya sé a dónde va. —Te lanzaron el vino en la camisa —se burla—, es lo mínimo que te mereces por andar proponiendo idioteces —se queja y rueda los ojos. —Cállate y busca algo para ponerme —le digo logrando que llame a la empleada que enseguida obedece. Me entrega la camisa de tres cuartos gris y luego se sienta dejando que Zeus se le suba en las piernas. Se que no se va a quedar callado y que va a querer seguir molestando con lo mismo asi que me adelanto a sus palabras. —Se molestó, ¿vale? —me aniquila con los ojos—, pero tiene dos opciones, contentarse y obedecer, hasta le ofrecí trabajo y dinero —digo orgulloso. —¡Guao! —se burla—, tu oferta me abruma, una fortuna por un niño que también será de ella —se traga el whisky de golpe—, por qué mejor no dejas a esa mujer en paz Damián yo… —sigue con lo mismo y lo ignoro. Bebo con él hasta que el enojo y las ganas de asesinar a Salomé se me pasan. La verdad es que nunca antes nadie me había faltado el respeto de semejante manera y mucho menos delante de tanta gente y de mis empleados. ¿Dónde quedaría mi reputación? » Y solo porque le pedí algo tan sencillo. … —Me va a llamar, ya verás —le digo a Lucian mientras veo las gotas de lluvia mojando Florencia. Los últimos días he estado con extremo trabajo aunque no he perdido de vista a la extranjera. El guardaespaldas que le asigné para que la siguiera de manera discreta me indicó que su hermana estaba hospitalizada y aunque he deseado ir hasta allá me he contenido esperando que sea ella quién me llame. —¿Por qué lo haría? —me pregunta Brahin quien está moviendo algo en mi computadora—, esa mujer debe estar odiandote —sigue. —No me interesa —recalco—, me odie o no cumplirá mi cometido —digo en el preciso momento que mi móvil suena. Lo tomo y sonrío al ver el nombre de ella en la pantalla. «Tengo sus números registrados en mi móvil» —¿Sí? —Contesto fingiendo desinterés. Cuelgo el teléfono apenas termino de hablar con ella y luego tomo la gabardina que me coloco encima del traje ejecutivo. —Les dije que llamaría —le dejo saber a los animales que, pierden tiempo y saliva en hacerme cambiar de opinión. Unos minutos después llego a la clínica; no es la más costosa, pero claramente la salud en Italia y más en Florencia es costosa. Avanzo desabotonando los botones de mi gabán y entro a la sala de espera en busca de Salomé y… la encuentro sentada con los ojos perdidos. Luce unos vaqueros de botas anchas, con zapatos deportivos blancos y una camisa tipo top de tiras que apenas pueden sostener su busto; no son grandes, pero tampoco pequeños dándole un toque perfecto. Sus labios están pintados con labial de supermercado y sus cabellos en una trenza de lado que la hace notar juvenil. «Es una cría carajo» Me repito en la mente cuando siento el corrientazo que emerge en mi entrepierna «Para inseminarla no es una cría» Me grita mi subconsciente y aparto las palabras enseguida. —Señorita, necesitamos desocupar la habitación, ¿va a pagar la cuenta o no? —le pregunta la recepcionista con molestia. —Yo pagaré la cuenta de la señorita Uribe —Intervengo pasando de largo. Dejo que me detalle mientras lo hago y, no es por presumir pero muchas de aquí están haciendo lo mismo. Paso la tarjeta dorada que me saco de la cartera y la mujer después de pasarla me entrega la factura que recibo. Se la entrego a Salomé quien no me da la cara y mientras ella retira a la niña me siento a esperar junto a los escoltas que me rodean. Asimismo, la veo salir con una niña parecida a ella, solo que con seis años de edad. Tiene la misma calidad de ropa; desteñida y vieja. Aprieto los labios cuando se aproximan y… —¿Podemos hablar en otro momento? —me pregunta y la ignoro enfocándome en la pequeña. —Hola —le digo tendiendome la mano—, mi nombre es Damian Morgan, ¿y el tuyo? —le pregunto curioso mientras sonrío. —Soy Sofía Uribe, ¿usted es amigo de mi hermana o novio? Es que ella no… —¡Sofía! —la reprende su hermana dejándome la duda de lo que iba a decir. —Las llevaré —demando acomodandome el Rolex. —No es necesario, mire si es por lo que acaba de hacer yo le aseguro que… La aniquilo con los ojos haciendo que se calle. Sus mejillas se tornan rojas cuando la observo de arriba abajo. Me doy la media vuelta y les abro la puerta de atrás del auto dejando que suban para luego ponerme al volante. Mi guardia de seguridad se siente de copiloto mientras los demás van detrás de mí en las otras camionetas. —¿Usted es un narcotraficante? —me pregunta la niña de pronto dejándome frío. «Ojalá fuera solo eso» —Sofía por favor… —la reprende la hermana. —¿Por qué preguntas eso pequeña? —la detallo por el retrovisor. —Es que… lei en un libro que los narcotraficantes son así como usted, adinerados, con autos de lujos y relojes caros, por eso pregunto —Suelto una risita. —Deja de decir tonterías Sofía —habla su hermana con el ceño fruncido. —Está bien, me callo, solo diré que si es narcotraficante es un muy guapo porque la mayoría son feos y barrigones —exclama logrando que mi escolta pegue una carcajada enorme. —¿Crees que soy guapo? —le pregunto a la pequeña y la hermana aprieta las piernas. El pulso se me acelera por tal acto y hasta contengo la respiración por varios segundos cuando veo como sus manos tiemblan. —Mucho —me dice la niña sonriente—, hasta parece modelo —yergo el pecho. «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad» —Por favor Sofía no mientas, no es para tanto —rueda los ojos la hermana. —¿Tú no crees que sea guapo, Salomé? —le pregunto a la mentirosa que me debe hasta el alma. —No —traga grueso y no le creo nada. Me estaciono fuera de su casa y dejo que mis hombres le abran la puerta. La niña se despide de mí y Salomé intenta decir alguna excusa, pero… —Te quiero en mi casa para aclarar los términos de tu embarazo —demando arrancando el auto sin darle tiempo a nada. «La tengo en mis manos y ella lo sabe» —Pavel —le hablo a mi guardaespaldas—, llévale despensa y los medicamentos que necesite la niña, desde ahora en adelante ellas estarán bajo mi responsabilidad —demando sonriente.

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