
werarts.com
â€ïžđQuĂ© pasa despuĂ©sđHaz clic aquĂ para seguir leyendođđ
âDĂ©jame ser tu esposa de verdad solo un mes, Daven. Tras tres años de un matrimonio por contrato y sin Sex0, su esposo finalmente le pidiĂł el divorcio. Ella aceptĂł, pero con una sola condiciĂłn: treinta noches de Sex0 sin protecciĂłn antes de desaparecer de su vida. Daven no respondiĂł. Le dio un trago pausado a su cafĂ©, como si necesitara ese silencio para procesar su peticiĂłn. El silencio regresĂł, uno cĂłmodo pero cargado de algo que no se decĂa. Entonces, Daven girĂł un poco la cabeza y la estudiĂł con una mirada que calaba mĂĄs hondo que antes. âTengo curiosidad âdijo Ă©lâ. ÂżEn serio entiendes lo que significa pedirme que seas mi esposa en serio? Althea pasĂł saliva con dificultad, sintiendo los nervios a flor de piel, pero sabĂa que no podĂa evitar la pregunta. âSĂ. TĂș mismo me advertiste que estuviera lista... ya fuera para ser tuya en la noche o para hacer el papel de la esposa obediente. Daven dejĂł escapar un sonido de fastidio, seguido de una risa breve; era incredulidad y algo mĂĄs que ella no alcanzaba a distinguir. âÂżAsĂ que en serio te estĂĄs ofreciendo asĂ como asĂ? Le sostuvo la mirada, firme y sin dudar. âSi lo ves como desesperaciĂłn o falta de orgullo... no voy a discutir. Porque es mi elecciĂłn. Mi decisiĂłn. Lo supo desde el principio: su matrimonio nunca fue por amor. Daven Callister se casĂł con ella por obligaciĂłn, presionado por su abuela. No hubo abrazos cariñosos ni miradas dulces; solo silencio y una casa vacĂa que nunca sintiĂł como un hogar. A pesar de todo, ella insistiĂł. IntentĂł ser una buena esposa, aferrĂĄndose a la esperanza de que, algĂșn dĂa, el corazĂłn de Daven se ablandara. Pero la traiciĂłn acabĂł con esa ilusiĂłn: Ă©l querĂa casarse con otra. Con la mujer a la que amaba. Con o sin el permiso de Althea. Y toda su familia apoyaba esa decisiĂłn. Con el corazĂłn roto y decepcionada, hizo una Ășltima peticiĂłn: un mes en el que Ă©l la amara como a una esposa. Un mes... antes de irse para siempre. El silencio se tensĂł entre los dos hasta que Daven se moviĂł. Su mano grande sujetĂł la cara de Althea; lo suficientemente fuerte para que ella abriera los ojos con asombro. SintiĂł su aliento cerca, caliente sobre su piel, y entonces el beso cayĂł como una tormenta. Rudo. Implacable. Se estrellĂł contra ella como una ola, sin darle espacio ni dudar. Althea gritĂł y su cuerpo se estremeciĂł por la intensidad. Daven la besaba como si intentara borrar cualquier rastro de duda. No habĂa nada de ternura en el beso, nada... como para recordarle que eso era lo que ella habĂa pedido. No Ă©l. DolĂa. Dios, cĂłmo dolĂa. Pero se obligĂł a responderle. Sus dedos se aferraron a la orilla de la silla, intentando estabilizarse mientras se le cortaba la respiraciĂłn. Solo cuando Daven se apartĂł un poco, apenas lo suficiente para dejarla respirar, pudo por fin recuperar el aire, con la respiraciĂłn temblorosa y entrecortada. Pero antes de que pudiera poner en orden sus pensamientos, Ă©l bajĂł la voz y le hablĂł al oĂdo con una advertencia ardiente. âEsta noche... va a ser una noche muy larga para ti, Althea.


